Título: Morir es trascendencia
Sumario: Todos nosotros una parte del
gran misterio
Créditos/fecha: Mery Giovanna García/ 20 de
agosto de 2015
Texto:
Jamás había sido
tan difícil vivir la muerte como aquél día. A lo largo de mis 21 años he visto
a muchas personas muertas, pero ninguna vez he presenciado a ninguna perecer.
La madrugada del 24
de febrero del 2012 mi mamá me despertó a eso de las 5:00am. Yo, en la
profundidad de mi mejor sueño, pensaba que me estaba levantando para ir al
colegio. Lo que no sabía es que algo inevitable había ocurrido.
Mi madre me dijo
que mi bisabuela había fallecido justo en el momento en el que abrí los ojos.
Honestamente, no sentí absolutamente más que nada, mezclado con las ganas de
querer seguir durmiendo.
Entré en un trance
tan intenso que bloquee todas mis emociones. Aproximadamente a eso de las
7:30am estábamos en camino a despedirla. Mamá Julia es y fue el ser más
importante que he conocido en mi existencia.
Ella me enseñó todo
lo que soy, gracias a su sabiduría aprendí a vestirme, a comer, a caminar e
incluso a expresarme. Decirle adiós ha sido una de las vivencias más fuertes
que he vivido hasta el momento.
Recuerdo que entré
al cuarto que solía ser mío cuando era pequeña. Allí estaba, un cuerpo inerte,
sin movimiento, sin respiración, sin alma. Mis lágrimas comenzaron a caer
desesperadamente en un intento por entender que estaba pasando.
Justo en ese
instante recordé que en sus últimos días de vida le había prometido no llorar
cuando ella finalmente se fuera. Fue entonces cuando comprendí el significado
de la muerte, enseguida comencé a cantar.
Canté una pieza
para agradecer su presencia llena de luz. En ese instante tuve la revelación de
que irse es simplemente trascender, partir de vuelta al origen. Además, supe
que ella siempre estaría presente, latiendo, en mí.
Unas horas después
fuimos a su entierro. El cementerio del Este es un lugar particular porque a
pesar de las lápidas de los muertos me pareció un espacio bastante tranquilo.
La energía que se proyectaba era pacífica, además había un silencio magistral
que recordaba a los primeros días de vida.
Para ese día eran
muy pocas las áreas que estaban ocupadas con tumbas. De hecho, en el terreno
donde ubicaron a Julia no había prácticamente nada más que solo tierra. Tierra
fértil, cubierta de un cielo azul que me hacía sentir en el mar.
No mentiré, fue
difícil volver. Tenía mucho tiempo que no iba a visitarla, en parte porque
considero que no es necesario ir hasta allá para poder sentirla cerca. Ayer, 20
de agosto de 2015, estuve un rato a su lado.
Un vez allí es
inevitable darse cuenta que lo que antes era nada ahora está ocupado por
cuerpos. Entonces es vital, comprender que solo está es más muro. Todo el
universo, alguna vez, va a llenarse de lo que fuimos.
Todos nosotros
vamos a trascender, somos una parte del gran misterio. Es cuestión de agradecer
por el presente, la muerte también es vida al ser trascendencia.
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