Título: ¿A dónde iremos cuando no quede
lugar en donde sentarse?
Sumario: Bellas Artes era un punto de
encuentro directo con lo artístic
Créditos/fecha: Mery Giovanna García/ 20 de
agosto de 2015
Texto:
Era un recuerdo visible en mi memoria el
haber caminado por el mismo lugar indefinidamente. Bellas Artes era algo más
que un lugar común, era un punto de encuentro directo con lo artístico, con la más
sutil manifestación de sublimación.
Solía ser un espacio ideal para intercambiar
las mejores vivencias. Artistas circenses, bailarinas, deportistas e incluso
patineteros lo frecuentaban usualmente para practicar, así como exhibir sus
números.
Estar allí era en su totalidad una expresión
pura del mundo bohemio. Todo tenía un aire sutil a poesía, la convivencia entre las
personas era un vínculo idílico. Aquél ambiente cargado de buena energía que
rodeaba a los museos era uno de mis sitios preferidos para estar.
Desde la primera vez que fui me hicieron
entender que era una zona de tolerancia. Habitualmente, era aceptado el
encontrarse a varias personas, en la conocida plaza de los Museos, consumiendo
marihuana.
Más de una vez me topé con varios grupos que
se sentaban a fumar mientras escuchaban música. Parecían estar felices, compartiendo
entre risas con un humo muy denso que subía hasta las nubes. Casi como si la
vida fuese eso y nada más.
Así transcurrieron algunos días de mi vida,
me encantaba sentarme a escribir mientras observaba a la gente reírse,
despreocupada. Me inspiraban a crear poemas que trascendían mi imaginación. No
miento si digo que de allí surgieron mis más profundos y elocuentes escritos.
No obstante, también aprendí que nada perfecto
dura para siempre. Bellas Artes hoy en día, aquél sueño de unión sublime entre artistas,
se ha convertido en un círculo vicioso de drogadictos sin control.
En algún momento toda la belleza e igualmente
la felicidad, se perdieron en el tiempo, quedando así el paso libre a personas
con mal aspecto, mototaxistas, malandros así como los conocidos “tukkys”.
Dichos personajes ahora se instalan a diario
a quemar infinitas cantidades de sustancias de todo tipo. Su presencia hizo que
todo se volviera violento, sucio, destruido. Me duele tanto como si hubieran
roto una parte en mí.
Ya es imposible acercarse a pasar un tiempo
ameno, la policía siquiera ha hecho nada para evitar esta situación que
contamina los espacios abiertos que deben usarse para la recreación de los
jóvenes estudiantes.
La última vez que fui, hace un mes
aproximadamente, hubo un enfrentamiento entre dos hombres que terminó en
puñaladas. En ningún momento llegaron las autoridades para controlar lo que
ocurría.
Todos los que estábamos externos al problema
tuvimos que correr por miedo de que se desatara algo más grave. El ambiente se
tornó agresivo, muchos sujetos andrajosos tomaron una postura agresiva con los
presentes.
Poco a poco se van deteriorando las formas,
perdiendo los sueños, diciendo adiós a las plazas, pasando de largo, evitando
estar. Contradictoriamente en vez de avanzar, retrocedemos.
¿A dónde iremos cuando no quede lugar en
donde sentarse? Aún me quedan memorias de haber sido feliz en un sueño al que
ahora evito toparme para poder continuar.
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